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La capacidad de olvido (Nietzsche II)

 



    “Criar a un animal al que le sea lícito hacer promesas - ¿no es precisamente esta misma paradójica tarea la que la naturaleza se ha propuesto con respecto al hombre? ¿No es éste el auténtico problema del hombre?... El hecho de que tal problema se halle resuelto en gran parte tiene que parecer tanto más sorprendente a quien sepa apreciar del todo la fuerza que actúa en contra suya, la fuerza de la capacidad de olvido. Esta no es una mera vis inertiae [fuerza inercial], como creen los superficiales, sino, más bien, una activa, positiva en el sentido más riguroso del término, facultad de inhibición, a la cual hay que atribuir el que lo únicamente vivido, experimentado por nosotros, lo asumido en nosotros, penetre en nuestra conciencia, en el estado de digestión (se lo podría llamar «asimilación anímica»), tan poco como penetra en ella todo el multiforme proceso con el que se desarrolla nuestra nutrición del cuerpo, la denominada «asimilación corporal». Cerrar de vez en cuando las puertas y ventanas de la conciencia; no ser molestados por el ruido y la lucha con que nuestro mundo subterráneo de órganos serviciales desarrolla su colaboración y oposición; un poco de silencio, un poco de tabula rasa [tabla rasa] de la conciencia, a fin de que de nuevo haya sitio para lo nuevo, y sobre todo para las funciones y funcionarios más nobles, para el gobernador, el prever, el predeterminar (pues nuestro organismo está estructurado de manera oligárquica) -éste es el beneficio de la activa, como hemos dicho, capacidad de olvido, una guardiana de la puerta, por así decirlo, una mantenedora del orden anímico, de la tranquilidad, de la etiqueta: con lo cual resulta visible en seguida que sin capacidad de olvido no puede haber ninguna felicidad, ninguna jovialidad, ninguna esperanza, ningún orgullo, ningún presente. El hombre en el que ese aparato de inhibición se halla deteriorado y deja de funcionar es comparable a un dispéptico (y no sólo comparable-), ese hombre no «digiere» integramente nada... Precisamente este animal olvidadizo por necesidad, en el que el olvidar representa una fuerza, una forma de la salud vigorosa, ha criado en sí una facultad opuesta a aquélla, una memoria con cuya ayuda la capacidad de olvido queda en suspenso en algunos casos, -a saber, en los casos en que hay que hacer promesas; por tanto, no es, en modo alguno, tan solo un pasivo no-poder-volver-a-liberarse de la impresión grabada una vez, no es tan sólo la indigestión de una palabra empeñada una vez, de la que uno no se desembaraza, sino que es un activo no-querer-volver-a-liberarse, un seguir y seguir queriendo lo querido una vez, una auténtica memoria de la voluntad, de tal modo que entre el originario «yo quiero», «yo haré» y la auténtica descarga de la voluntad, su acto, resulta lícito interponer tranquilamente un mundo de cosas, circunstancias e incluso actos de voluntad nuevos y extraños, sin que esa larga cadena de la voluntad salte. Mas ¡cuántas cosas presupone todo esto! Para disponer así anticipadamente del futuro, ¡cuánto debe haber aprendido antes el hombre a separar el acontecimiento necesario del casual, a pensar casualmente, a ver y a anticipar lo lejano como presente, a saber establecer con seguridad lo que es fin y lo que es medio para fin, a saber en general contar, calcular, - cuánto debe el hombre mismo, para lograr esto, haberse vuelto antes calculable, regular, necesario, poder responderse a sí mismo de su propia representación, para finalmente poder responder de sí como futuro a la manera como lo hace quien promete!“. 

    La genealogía de la moral – Friedrich Nietzsche.

Arquetipos e Inconsciente colectivo


    "En Freud, lo inconsciente, aunque aparece ya -al menos metafóricamente- como sujeto actuante, no es sino el lugar de reunión de esos contenidos olvidados y reprimidos. De acuerdo con ese enfoque, es por lo tanto de naturaleza exclusivamente personal, aunque el mismo Freud había visto ya el carácter arcaico-mitológico de lo inconsciente.
    Un estrato en cierta medida superficial de lo inconsciente es, sin duda, personal. Lo llamamos inconsciente personal. Pero ese estrato descansa sobre otro más profundo, que es innato: lo llamado inconsciente colectivo. No es de naturaleza individual sino universal, tiene contenidos y modos de comportamientos que son, los mismos en todas partes y en todos los individuos. En otras palabras, es idéntico a sí mismo en todos los hombres y constituye así un fundamento anímico de naturaleza suprapersonal existente en todo hombre.
    La existencia psíquica se reconoce sólo por la presencia de contenidos conciencializables. Los contenidos de lo inconsciente personal son en lo fundamental los llamados complejos de carga afectiva, que forman parte de la intimidad de la vida anímica. En cambio, a los contenidos de lo inconsciente colectivo los denominamos arquetipos
    El concepto "arquetipo" sólo indirectamente puede aplicarse a las representaciones colectivas, ya que en verdad designa contenidos psíquicos no sometidos aún a elaboración consciente alguna, y representa entonces un dato psíquico todavía inmediato. Como tal, el arquetipo difiere no poco de la formulación históricamente constituida o elaborada". 

Carl Gustav Jung



Oscar Masotta



  "El modelo Pulsional". Págs. 74, 75.
    
    Una vez que Balint deja de lado la inducción negativa para decidir el amor, se pregunta por el criterio que podría conducirnos a una definición positiva. ¿Será la relación del amor con el tipo de satisfacción que liga al sujeto con el compañero sexual? Si sólo uno de los compañeros puede satisfacer al otro, estaríamos en el caso del egoísmo del satisfecho y en el del masoquismo para el insatisfecho. En el caso de que exista una compenetración sexual y genital mutua (caso de alcanzar el orgasmo juntos, <<de manera simultanea o casi>>), tampoco, si se piensa bien, nos ayudaría demasiado. Ya la sociedad o la <<chronique scandaleuse>>, se encargan con razón de hablar de <<amantes>>, en el sentido moderno del término, lo que no significa la existencia de ese <<sentimiento durable de seguridad>> que acoge a cada uno cuando dos <<se aman recíprocamente>>. Llegamos entonces a un resultado, a una primera definición un poco paradójica: <<La satisfacción genital es aparentemente sólo una condición necesaria pero no suficiente del amor genital>> (p. 111). Quiere decir, nos explica, que la gratitud por la satisfacción genital en la relación con el compañero no determina lo que está en juego en el amor. Es necesario un plus, algo más.




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  Psicólogo Psicoanalista - Juan Franco Bottazzi (3413116111)

Ataques de pánico, Ansiedad, Fobias, Anorexia, Bulimia, Desorden Alimenticio, Anorgasmia, Frigidez, Eyaculación Precoz, Impotencia, Pensamientos Obsesivos, Toc, Crisis Familiares, Angustia, Dependencia Emocional, Depresión, Duelo, Melancolía, Celos, Autoestima, Estrés, Insomnio, Falta de confianza, Inhibiciones, Enfermedades Psicosomáticas, Barreras sexuales, Conflictos de pareja, Problemas laborales, Hechos traumáticos.    

Sincronicidad - Carl Gustav Jung (1952)

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 "Espero no se interprete como arrogancia el que en el transcurso de la exposición solicite a mis lectores una mente más abierta y una voluntad más pronta de lo común. En efecto, se impulsa al lector no sólo a aventurarse por regiones de la experiencia humana oscuras, dudosas y sembradas de prejuicios; se le imponen también las dificultades intelectuales implícitas en el estudio de un tema tan abstracto. Como todo lector podrá advertir después de la lectura de algunas pocas páginas, de ninguna manera pretendo aportar una descripción y esclarecimiento exhaustivos de un conjunto de hechos tan complicados; sólo intento plantear el problema con el fin de aclarar, sino todos, por lo menos algunos de sus múltiple aspectos y relaciones. Tal vez pueda así abrirse un acceso a un campo todavía envuelto en la oscuridad, pero de suma importancia filosófica". C. G. Jung




Película - Princesse Marie

La película narra la historia de la relación entre Sigmund Freud (Heinz Bennent) y la princesa Marie Bonaparte (Catherine Deneuve), incluyendo el exilio de la familia de Freud a la ciudad de Londres, debido a la ocupación de Austria por la Alemania Nazi.
                              
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La Gaya Ciencia (Nietzsche I)

¿Tenemos que aceptar que la finalidad de la ciencia sea procurar al hombre el mayor número de placeres y el menor desencanto posibles? Pero ¿cómo hacerlo, si el placer y el desencanto se encuentran tan unidos que quien quisiera tener el mayor número de placeres posibles debe sufrir, al menos, la misma cantidad de desencanto?; ¿que quien quisiera aprender a ¨dar saltos de alegría¨ debe prepararse para ¨estar triste hasta la muerte¨? Tal vez así suceda. Al menos eso creían los estoicos, consecuentes en la medida en que deseaban el menor placer posible para conseguir de la vida el menor desencanto que se pueda.





Erich Fromm - "El arte de amar"

    "El primer paso que debe darse es tomar conciencia de que el amor es un arte, tal como es un arte el vivir. Si deseamos aprender a amar debemos proceder en la misma forma en que lo haríamos si quisiéramos aprender cualquier arte, música pintura, carpintería o el arte de la medicina o la ingeniería.
    ¿Cuáles son los pasos necesarios para aprender cualquier arte?
    El proceso de aprender un arte puede dividirse convenientemente en dos parte: una, el dominio de la teoría; la otra, el dominio de la práctica. Sólo llegaré a dominarlo después de mucha práctica, hasta que eventualmente los resultados de mi conocimiento teórico y los de mi práctica se fundan en uno, mi intuición, que es la esencia del dominio  de cualquier arte. Pero aparte del aprendizaje de la teoría y la práctica, un tercer factor es necesario para llegar a dominar cualquier arte -el dominio de ese arte debe ser un asunto de fundamental importancia; nada en el mundo debe ser más importante que el arte.
    No obstante el profundo anhelo de amor, casi todo lo demás tiene más importancia que el amor: éxito, prestigio, dinero, poder; dedicamos casi toda nuestra energía a descubrir la forma de alcanzar esos objetivos y muy poca a aprender el arte del amor".
                                                                                        Erich Fromm