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"El asesinato de Cristo" (1953) - Wilhelm Reich

 


    "Los lideres contemporáneos no son más que agentes de la seguridad de este o aquel aspecto del status quo. O simplemente piratas en mares sin ley. Un líder popular moderno, debería ser casi el opuesto exacto de lo que tanto la gente ansía ver, y aclamar como su líder. El pionero tendría que rechazar toda tentación de ser un líder, y evitar toda carnada que le ponga la gente para seducirlo al liderazgo. Su primera gran tarea deberá ser, negarse a ser un líder. Tal pionero debería percibir inmediatamente el peligro que amenaza con sumergir a todo líder popular. Esto es, el peligro de convertirse en un mero objeto de admiración, y en un proveedor de salvación y esperanza para la gente. Tal pionero, debería dar el primer paso tomando a la gente seriamente y dejándola que se salve a sí misma. La gente crea sus cristos vivos, con el fin de someterlos, o si los cristos rehúsan, transformarlos en barrabases para matarlos sin miramientos, cosa de promoverlos al cielo para la salvación, sin mover ellos un dedo. El pionero no complacerá para lograr la aprobación pública, se dará cuenta que tal aplauso -siendo cómodo y agradable como es, dando el reconocimiento que parece dar- es el primer paso seguro para la extinción de lo que él representa y defiende. Por lo tanto, no tendrá que preocuparse y hasta tratará de evitar, tanto como se pueda, lo que se llama reconocimiento público. La pretensión de reconocimiento es, de parte del pionero, miedo a tener que quedarse solo, y de parte de la gente en general, es cobardía a pensar por sí mismos. Esto no quiere decir, que el pionero menospreciará a la gente o que él no deseará la aprobación pública. Si ha de cumplir su función, seguirá siendo humano hasta el fin, pero sabiendo por qué la gente confiere honores a las victimas de su adoración, eludirá silenciosamente esta trampa. El pionero, en consecuencia, no irá hacia la gente, no escribirá para la gente, y no tratará de convencer a la gente de la verdad o la importancia social de su saber, escribirá a cerca de cosas que cree que son verdaderas, y no para la gente. El pionero se sentirá impaciente, pero aprenderá a esperar. Solo es posible esperar pacientemente sino se tiene ambición de liderar o salvar a la gente. El pionero no tratará de demostrar su verdad ofendiendo a la gente, pero distinguirá la ofensa por la ofensa misma, de la ofensa que resulta de decir lo que es cierto. El pionero percibirá al amigo que lo acompañará un trecho, y luego se quedará sentado en el camino como una mula, sin moverse una pulgada, forzando así al que hace cosas, a disminuir su marcha o a detenerse del todo. El pionero también conocerá bien el odio que desarrollará la gente que es dejada atrás, se precaverá cuidadosamente contra tales posibilidades, mencionando continuamente esta característica prominente de los hombres. Les aplicará una especie de inyección mental profiláctica, diciéndoles de antemano lo que más probablemente serán proclives a hacer en su contra, si él los deja atrás sentados, no haciendo nada. Para sufrir menos la perdida del líder, lo harán aparecer mal, menos importante, y hasta lo presentarán como de muy mal carácter. El pionero habrá aprendido de la historia pasada, que el precio que hay que pagar por el éxito formal, es el sacrificio de la esencia de los rigurosos trabajos propios. El modo de ser del pionero, sus ideas, sus conductas, y sus metas, pueden haber penetrado imperceptiblemente en el espíritu público sin que nadie lo advirtiera. Hasta puede tener que sobrellevar la culpa por distorsiones de las que no es responsable, o por malas acciones que nunca propuso, y al final, puede ser puesto en la cruz. El sentimiento de responsabilidad por todo lo que está ocurriendo en el mundo, aún en los más remotos rincones del planeta, es la característica del pionero. El pionero no se adherirá a la creencia en el martirio, querrá vivir, y no morir por su causa. La gente aislará y pondrá en cuarentena al pionero, de muchos modos. Un modo de conducirlo a la soledad, es adorándolo, amontonándose a su alrededor, colgándose de sus labios, y bebiendo la menor palabra que pronuncia. Los pioneros, en definitiva, tendrán que vivir una vida amorosa, plena, sana y gratificante. El pionero tendrá que conservar a toda costa, un sistema emocional puro".

"El asesinato de Cristo" (1953)  - Wilhelm Reich


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  Psicólogo Psicoanalista - Juan Franco Bottazzi (3413116111)

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